Las perspectivas y la actitud de la humanidad ante el siglo XXI desde la óptica del periodismo

Por: Rafael Molina Morillo 

Antes de entrar al tema de las perspectivas y la actitud de la humanidad ante  el siglo XXI, desde el punto de vista del periodismo, debería definirse primero cuándo comienza en realidad el siglo XXI. No se asusten. No pretendo trasladar a este coloquio el debate que todavía no termina, sobre cómo debe medirse el tiempo a partir del nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, ni mucho menos intentaré revivir las discusiones que durante siglos se han suscitado en torno a los errores de Dionisio el Exiguo allá por los años 600, aunque tales errores han llevado a algunos connotados científicos a la teoría de que Cristo en realidad no nació en el comienzo del año 1, como sería lógico pensar, sino en el año 6 antes del propio Cristo. Sin entrar en esos intríngulis, sí debo dejar establecida mi convicción, para contextualizar debidamente mi intervención, de que el siglo XXI comienza el 1 de enero del año 2001.

Definido el espacio dentro del cual formularé mis apreciaciones, empiezo por decir que no puedo desligar mi visión de lo que espera la humanidad del siglo que ya alborea, de lo que también puede esperar el periodismo. Después de todo, los periodistas también formamos parte de la humanidad.

En los últimos tiempos se han recrudecido los temores de que, con los extraordinarios avances que ha tenido la tecnología en materia de comunicaciones, los medios más tradicionales, como los periódicos y revistas impresos en papel, están llamados a desaparecer. Ciertamente, la competencia de la televisión y la radio en lo que respecta a la rapidez con que sirven las noticias a un público que tiene prisa y carece de tiempo para cumplir cada día con todos sus compromisos, es sentida fuertemente por los órganos impresos, más lentos que los medios electrónicos en su proceso para llegar a un producto final.

Cada día presenciamos más  casos de éstos en los cuales los acontecimientos son transmitidos a todos los hogares, hasta en sus partes más íntimas, de manera simultánea y con todo lujo de detalle. Desde las guerras internacionales hasta los desfiles de modas, desde las competencias deportivas hasta los detalles de la v ida de los más exóticos animales, todo se nos sirve en bandeja, en la comodidad de nuestros hogares.

Y eso, que apenas estamos en los finales del siglo XX. Hay que suponer que en el transcurso de los próximos cien años el mundo se transformará tanto que no lo podemos siquiera imaginar.

Mención especial merecen las computadoras y el Internet, con todo lo que se ha desarrollado hasta ahora y todo lo que ha de sobrevivir. De la noche a la mañana las computadoras se han convertido en una herramienta común y corriente que todo el mundo maneja y que todo el mundo posee. Sus misterios son fácilmente descifrados por los adolescentes que, aparentemente, han nacido con genes preparados para convivir felizmente y en armonía con este invento maravilloso que se perfecciona y se complica más cada día.

El Internet y el correo electrónico, hijos legítimos de las computadoras, facilitan el libre tránsito de las informaciones y los conocimientos humanos hasta extremos insospechados, y convierten la comunicación global o individual en un juego de niños. Ya se habla de un reloj pulsera capaz de integrarse a la red de Internet y de recibir y enviar emails, entre otras características que dejan atrás las fantasías más osadas de hace apenas diez o veinte años.

El desarrollo de estos medios, a los que podemos llamar “nuevos”, paralelamente con la supervivencia de los medios tradicionales, está dando lugar al nacimiento de ciertos híbridos que ciertamente están ocupando cada vez un mayor espacio. Ejemplo de ellos son los diarios y revistas afiliados a canales de televisión, como CNN, y también las radios trasmiten a través del Internet. Hasta cierto punto, las noticias en línea son una de las primeras manifestaciones –bastante antes de una televisión interactiva plenamente lograda—de la postelevisión y el consiguiente paso de un paradigma de centralización a uno de descentralización.

Estos progresos tecnológicos no significan en modo alguno, a mi entender, que los medios impresos van a desaparecer indefectiblemente. Lo que se está produciendo es, más bien, una metamorfosis que en tanto conserve y amplifique la variedad no podrá ser sino beneficiosa para los lectores y consumidores, destinatarios últimos de noticias e información.

Ahora bien los destinatarios últimos de noticias e información. Ahora bien, los medios impresos tradicionales no podrán tampoco dormirse en sus laureles y permanecer indiferentes ante tantos cambios tecnológicos.  Habrán de introducir, necesariamente, cambios notables en sus estructuras y sus ofertas informativas, porque, sin ánimo de parecer catastrófico o apocalíptico, considero que lo único que permitirá sobrevivir  a la prensa –como la entendemos hoy-, en un mundo que se globaliza indefectiblemente, es producir un discurso interpretativo con el que se pueda construir un lector mejor y más profundamente informado.

Esta es una tarea que se ha iniciado en muchos diarios del mundo, y hasta en algunos de nuestro país, con la salvedad de que todavía en estos momentos se prosigue difundiendo una seria información puntual de los hechos. Pero paralelamente se ha incorporado una línea de trabajo de rasgos interpretativos, con éxito en la recepción del destinatario, que permiten pensar en que se trata de un paso de avance. Existe conciencia entre los periodistas, de que el periodismo del siglo XXI va a ser diferente y que la enorme saturación informativa – que ya se percibe- va  a determinar la muerte del periodismo actual a menos que entienda la necesidad de estos cambios.

Las premisas iniciales –que me parecen válidas como propuestas para muchos diarios del continente- se basan en una idea bien definida: la opinión expresa de la empresa periodística debe permanecer en las páginas de opinión. Allí se dialoga con el poder político y con las clases dirigentes. Pero, en el resto del diario, las informaciones –que finalmente son versiones de los hechos debidamente sujetas al tratamiento que se preconiza en la empresa – deben ser complementadas, cuando sea necesario, por textos de naturaleza interpretativa.

¿Cuáles son los rasgos del periodismo futuro que considero necesarios? No deben ser precisamente sus detalladas informaciones ni sus severas (o sombrías)  páginas de opinión. No deben ser sus extensos textos ni su página de rumores sin confirmar. Antes bien, deben ser sus textos explicativos, los que sitúen al lector claramente en el contexto de las informaciones, los que precisen el origen y los antecedentes de actitudes o reacciones aparentemente no discernibles.  Antes bien, deben ser textos donde se evalúe el efecto inmediato o mediato de las decisiones de los gobernantes (para lo que se utilizan las páginas de opinión menos frecuentadas). Antes bien, deben ser los enfoques y los análisis de los detalles pocos conocidos de la información internacional. Antes bien, deben ser los textos que relacionen para el lector las informaciones con sus consecuencias, al margen de que serán negativas.

Por lo demás, la forma en que la información llegue al público es lo de menos. Lo importante es que exista información idónea, servida con una interpretación confiable y nada maliciosa; que la misma circule libremente, y que toda persona tenga acceso a  ella y libertad para estar de acuerdo o no con la misma.

Esto, en cuanto al futuro del periodismo. En lo que respecta a los cambios que, desde un punto de vista periodístico, puede esperar la humanidad, como tal, en los próximos cien años, me atrevo a aventurar que lo más importante no serán las grandes transformaciones materiales que es dable esperar en un mundo cada vez más desarrollado. Pienso, más bien,  que el hombre aspira y lucha por un mundo cada  vez más global, pero más igualitario, o sea que lo global no signifique que el grande se coma al pequeño, sino que los avances y el confort y el bienestar de los grandes alcance también, por igual, a los pequeños.

¿Se avanzara en ese sentido en el próximo siglo? Necesariamente, porque de no incurrir así estallará la violencia engendrada por la desigualdad que tiende a acentuarse, a menos que se le ponga freno prontamente.

La humanidad, como los medios de comunicación que forman parte de ella, tiene necesariamente que cambiar en el futuro inmediato. El cambio es la única forma segura de garantizar su supervivencia.

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