Notas sobre la prensa y la corrupción

Por: Fausto Rosario Adames

  1. La corrupción es un entramado complejo, en el que se combinan funcionarios públicos y sectores privados, para la búsqueda de beneficios personales en detrimento de la administración honesta de los recursos y bienes del Estado.
  2. Los medios de comunicación constituyen una red privada y pública de entidades intermediarias entre funcionarios, políticos y la sociedad, con el propósito de servir, a través de informaciones, al bienestar público.
  3. El Estado, como maquinaria responsable de conducir a la sociedad al pleno desarrollo y al bienestar, debe conservar y fortalecer las instituciones responsables de velar por la correcta administración de las recaudaciones de los ciudadanos, a través de organismos que velen por la transparencia, ya sea auditando eficientemente el uso de los recursos o fijando las normas para evitar la enajenación de los mismos.
  4. La corrupción tiende a ganar espacio cuando las instituciones públicas, del ejecutivo, de la justicia o del congreso,  son débiles y cuando las políticas económicas tienden a crear distorsiones en el mercado. La corrupción gana terreno cuando las organizaciones responsables de supervisar y auditar no tienen la fuerza o carecen de la independencia necesarias para proceder contra los corruptos. También cuando los organismos responsables de sancionar, como son el Ministerio Público y la Justicia, carecen de la institucionalidad necesarias.
  5. Cuando se dan estas combinaciones, y cuando estos mecanismos no funcionan, los medios de comunicación asumen un papel protagónico en la denuncia, en la identificación y en la repulsa pública de los corruptos, y de ese modo empujan a los organismos oficiales a poner atención en los personajes e instituciones denunciados.
  6. El protagonismo de los medios es proporcional a la debilidad a fortaleza de las instituciones públicas. Un país con una Cámara de Cuenta con recursos o con una Procuraduría General de la República sin depender políticamente del Ejecutivo o de cualquier otro poder del Estado, no necesitaría de la denuncia pública ni del papel protagónico de los medios de comunicación para señalar y perseguir la corrupción.
  7. En los últimos años la corrupción ha sido identificada como una lacra que extrae los recursos que pudieran ser utilizados para el desarrollo. La persecución ética y moral de los corruptos se ha convertido en una moda y los propios políticos han ido asumiendo el discurso, pero sólo desde la oposición, como recurso de campaña propagandística. Los medios, en su interés por contribuir a sanear esa lacra, ofrecen mucha cobertura a los discursos anticorrupción, a las proclamas moralistas, a las generalidades, y muy pocas veces penetran a las particularidades o al examen detenido y minucioso de casos que podrían ser paradigmáticos.
  8. Los medios de comunicación del país tienen sensibilidad y están atentos a los casos de corrupción, le dan seguimiento en la medida de sus posibilidades, pero aún padecen de limitaciones impuestas por la estructura de propiedad y por los vínculos no disimulados entre el sector financiero y el mundo político.
  9. Las denuncias de corrupción más recientes se deben a la labor de los medios de comunicación, especialmente el trabajo de investigación del periodismo de televisión y al esfuerzo investigativo de algunos periodistas y periódicos. Los casos de Bienes Nacionales, del INVI, del Plan Renove son el resultado del esfuerzo de los medios de comunicación.
  10. Las denuncias de corrupción procedentes de los organismos oficiales, formuladas a través de expedientes documentados con alguna rigurosidad y a través de auditorías, son divulgadas por los medios de comunicación como parte del enfrentamiento entre los partidos políticos y no como expedientes que merecen nuevas indagaciones y aportes desde los propios medios. El hecho mismo de que las denuncias vengan de los organismos oficiales, y de que se den a conocer en momentos especiales, les resta credibilidad e impide el seguimiento con informaciones y reportajes que expliquen el comportamiento y la conducta de los funcionarios cuando se trata de administrar fondos públicos.
  11. A pesar de las virtudes del periodismo dominicano y de la acuciosidad en el tratamiento de algunos temas –reforma constitucional, por ejemplo- los medios de comunicación sufren del síndrome de la actualidad, dejando de lado el seguimiento a informaciones, temas, conflictos, problemas y expedientes que su tratamiento actualizado permitiría desenmascar a sujetos y truhanes de la política y la burocracia pública y privada.
  12. Casos de extraordinaria importancia, que ocuparon tiempo y espacio en los medios electgrónicos e impresos, perdieron vigencia por los débiles mecanismos de sanción judicial y por el síndrome de actualidad de los medios de comunicación. Por recordar sólo algunos, habría que decir que el caso Hidro Quebec Sofati es de antología, pues el Estado depositó 20 millones de dólares en fideicomiso como garantía de un acuerdo entre esa empresa y la CDE. El contrato no pudo realizarse y de vuelta sólo fue posible obtener la devolución de 11 millones de dólares. Se perdieron 9 millones entre comisiones y arreglos. El abogado que investigó ese fraude fue cauteloso y evitó responsabilizar a nadie en los arreglos. El caso no fue a los tribunales. Ese abogado es hoy un miembro de la Suprema Corte de Justicia.
  13. Otros casos olvidados, que merecieran ser recordados, escarbados como expedientes en los tribunales, abarcan los fraudes en la Dirección General de Aduana, incluyendo la efímera dirección de la señora Anisia Rissi, los robos en el Banco de Reservas, incluyendo las responsabilidades que recaen sobre los miembros de los diversos consejos de directores que avalaron préstamos sin garantías, y la profundización del expediente de Bahía de las Aguilas, muerto ya extrañamente uno de los responsables, y emitido un decreto de la actual administración declarando de utilidad pública parte de los terrenos robados al Estado, y en consecuencia pagándolos. Los expedientes de la Lotería Nacional, con sus personajes civiles y militares en la palestra pública, incluyendo la reciente condecoración de un gobierno sudamericano a uno de los implicados. El expediente de Adriano Sánchez Roa en el Banco Agrícola, que incluye la compra de una diputación, la compra de votos en unas elecciones y el despilfarro de recursos públicos, para luego reclamar impunidad por haber contribuido al triunfo electoral de un partido que no era el suyo.
  14. Estos casos demuestran que política y corrupción van de la mano en el país, y que la corrupción de categoría es la que corresponde al mundo de la política, porque lo que ocurre abajo, en las capas bajas de la sociedad, incluyendo a las bases de los partidos políticos, es “el boroneo” del que tanta gala hizo en un momento el ex diputado Luis Inchausty. Esa corrupción de las bases carece de interés público y es parte de las migajas del pastel electoral, de la repartición de puestos de trabajo en la administración pública, pero que sirve sólo como sobrevivencia a la militancia.
  15. Ni esa corrupción de las bases ni la corrupción de los funcionarios encumbrados, sean secretarios de Estado, jefes militares y policiales, o directivos de los partidos políticos cuentan para las investigaciones policiales. Es tal la aceptación de esa práctica que en la historia de la Policía Nacional nunca se ha generado un expediente de corrupción, descubierto y perseguido por la Policía Nacional. Sencillamente, la Policía no se mete en esas cosas, porque eso corresponde al ámbito político, lleno de permisividades, arreglos, amarres, amistades. Aquí en esa materia todo el mundo ha aprendido donde amarrar su chiva, para decirlo en el lenguaje del Poder Ejecutivo. He aquí una de las causas de los olvidos de los medios de comunicación: el convencimiento de algunas cosas, por más claras que hayan sido expuestas, no prosperan.
  16. Sin embargo, los medios de comunicación han sido y siguen siendo el muro de contención de la corrupción desenfrenada. Cuando no ha sido una revista semana, ha sido un programa de televisión o un diario matutino o vespertino que se ha hecho eco de las denuncias de irregularidades en las oficinas públicas.
  17. Esos mismos medios de comunicación, actuando con la cautela que demandan los acontecimientos, se han servido de las más variadas fuentes para hacer las denunciar. En unos casos ha logrado la destitución de algún funcionario (Salud Pública, CORDE, Bienes Nacionales, Secretaría de Estado de la Presidencia). En otros casos las denuncias han servido como castigo moral de la opinión pública (Educación, Banco Agrícola, INESPRE, CDE).
  18. Una seria limitación que tienen los medios de comunicación, como lo tienen los mecanismos de control de la gestión pública, es que la corrupción hace esfuerzos para no dejar huellas, y con frecuencia lo logra. No existen mecanismos formales que permitan a los medios exigir datos y que obliguen a los funcionarios a entregarlos. En los casos de denuncias de corrupción generalmente los medios van delante de los mecanismos oficiales. En muchos casos son los medios los que obligan o empujan a los organismos oficiales a actuar.
  19. Las denuncias más graves de corrupción en la administración pública surgen, generalmente, cuando varios intereses envueltos chocan. En el caso de la construcción del acueducto de la Línea Noroeste, las denuncias en esta administración y en la anterior, procedieron de grupos interesados que vieron como se violaron los procedimientos para favorecer a sus contrarios. Así ocurrió con la licitación del pasado gobierno para la compra de autobuses o recientemente con las denuncias de importadores de vehículos nativos que se vieron marginados por las licitaciones amañadas del denominado Plan Renove. Los medios generalmente se nutren de una de las partes. Aunque reconozcamos que esta es una limitación del trabajo periodístico, no es menos cierto que de ese modo se contribuye extraordinariamente con la transparencia en las ejecutorias de las autoridades.
  20. Para garantizar una investigación periodística responsable contra la corrupción, sin temores ni favores, es necesario que los periodistas cuenten con recursos, tiempo y apoyo de los ejecutivos de los diarios. Esa es la mejor manera de colocar seriamente en el mercado de la prensa, por ejemplo, un diario o una revista. Los ejemplos sobran. Es también la forma de ganar respeto y rating para los medios electrónicos.
  21. Hace falta que los periodistas cuenten con una ley de Acceso a la Información Pública, como la que ha sometido al Congreso Nacional el senador del Distrito Nacional, José Antonio Najri.
  22. Es necesario mejorar la efectividad de los mecanismos de persecución y sanción de la corrupción, incluyendo al Ministerio Público, a la Contraloría General de la República, la Cámara de Cuenta, la Superintendencia de Bancos y la Superintendencia de Seguros, entre otros organismos públicos.
  23. Hace falta que los jueces pierdan el miedo a sancionar a los corruptos y a los corruptores que lleguen a sus departamentos o a sus manos, sin importar que sean políticos activos, funcionarios suspendidos o futuros líderes o presidentes. En estos casos hace falta perder el miedo y aportar de ese modo a la sociedad la garantía de que alguien que se has apropiado de los fondos públicos no vuelva nunca, bajo ningún pretexto, a administrar nada que pertenezca al colectivo.
  24. Hace falta que se aprueben todas las propuestas de leyes que reposan en el Congreso, que fueron producidas en el pasado reciente o bajo la Plataforma Nacional Anticorrupción de FINJUS o del propio Departamento de Prevención de la Corrupción. Esos instrumentos servirán a las autoridades y a los medios de comunicación para examinar con prudencia, bajo la sombrilla de la ley, la correcta administración de los fondos públicos.
  25. Y finalmente, hará falta que los gremios periodísticos trabajen más a fondo el tema de la propia corrupción periodística, que si bien no es ni será nunca del alcance ni el tamaño de la que se practica entre funcionarios públicos y privados, entre políticos y congresistas, es un elemento de credibilidad importante para el trabajo de los medios de comunicación.

 

Martes 18 de Septiembre de 2001

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