El medio como espectáculo (2)

28 de octubre de 2005

Por: Emilia Pereyra

La  “crónica rosa” es un fenómeno naciente en los medios de comunicación criollos que durante mucho tiempo se limitaron a proyectar a  representantes de las clases más privilegiadas  sin tocar aspectos de su vida privada,  no importa que los personajes fueran tan determinantes y complejos como el dictador Rafael Leonidas Trujillo o Joaquín Balaguer, regentes de la escena pública durante décadas.

Nos acostumbramos a recibir páginas y más páginas satinadas con una  sucesión de notas y fotografías edulcoradas de los más adinerados y los de blanca piel. Todavía tenemos publicaciones en la que no suelen figurar  “prietos”,  aunque tengan méritos de sobra para ser resaltados,  y  si alguna vez aparece un “pasado” de color debe pertenecer a una estirpe acaudalada o de excesivo poder político.

Algo ha cambiado en los últimos tiempos. La radio y la televisión han empezado a transmitir ciertos programas dedicados a ventilar la  vida íntima de personas reconocidas con un alto nivel de arrojo e irrespeto.

Son ataques selectivos. Se denigran a determinadas personas de la farándula, sobre todo a mujeres, porque lucen más débiles o no están sólidamente respaldadas por el dinero, el poder militar o la avasallante influencia política.

De ese modo,  han hecho picadillo,  en más de una ocasión, a ciertas  “megadivas”, protagonistas de pasarelas, vitrinas  y algunos escándalos que nada tienen de deidades, salvo el mote creado  por un  promotor para vender mejor algún espectáculo.

Los hacedores de esos programas  no pueden emprender siquiera los desafíos que ocupan a los realizadores de descarnados programas y revistas del corazón, muy populares en España y otros países,   ni a tenaces paparazzis europeos, acusados de provocar la tragedia en que murió la controversial Lady Di, el más rutilante  icono del jet set mundial de los últimos años.

En realidad, en  República Dominicana carecemos de recursos para auspiciar una investigación profunda y  sistemática del comportamiento de  los famosos extranjeros o de los poderosos nacionales. Respecto a estos privilegiados, nos brindan el show de las  fotos oficiales,  las crónicas melifluas y las entrevistas maquilladas.

Independiente del circo que ofrecen en demasía los cronistas rosas foráneos, los criollos no muestran los caprichos ni las disputas desmesuradas de las familias poderosas, con grandes  capitales en  sectores  fundamentales, y ni cómo esas diferencias repercuten en los manejos empresariales. Es decir, nuestra incipiente “crónica rosa”  tiene sus intocables.

Emilia Pereyra es periodista y escritora

empereyra22@yahoo.es

 

 

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