Los católicos: Tras el poder de la televisión para difundir sus doctrinas

Por: José P. Monegro

Muchos todavía ven con asombro cómo la Iglesia Católica dominicana se embarcó en un proyecto de tanta envergadura como lo es crear un canal de televisión que le permita entrar a los hogares dominicanos a través de ese intruso mejor conocido como “la pantalla chica”.

En 1995, con bombos y platillos, la Conferencia del Episcopado Dominicano inauguró su televisora “Televida”, con el lema de “El Canal de la Familia” y hasta la fecha le ha tocado navegar en un mar de dificultades, especialmente de índoles económicas. Fue de los primeros canales que le dieron carácter de seriedad al uso de la frecuencia de UHF, por lo que le ha correspondido “hacer camino al andar”.

Aunque del uso de los medios de comunicación para evangelizar viene desde el surgimiento de los mismos, no es sino hasta el Concilio Vaticano II, a principio de los años sesenta, cuando empieza a tomarse en serio los medios electrónicos como eventuales aliados de la misión pastoral.

“La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara estos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más”, manifestó el papa Pablo VI en su encíclica “Evangelii Nuntiandi”. Esa es una de las razones por las que en todo el mundo han proliferado periódicos, emisoras de radio, canales de televisión y páginas web para la propagación de la doctrina de la Iglesia Católica.

A nivel electrónico, se puede asegurar que el primer experimento exitoso de la Iglesia dominicana lo fue “Radio Santa María”, de la diócesis de La Vega y que desde sus inicios ha sido regenteado por los padres jesuitas. Las escuelas radiofónicas crearon un hito en los esfuerzos por alfabetizar en los años setenta y ochenta.

Sin embargo, a la hora de meterse en lo que muchos consideran como el medio de comunicación más complejo y completo, la televisión, el Episcopado dominicano ha tropezado una y otra vez, especialmente porque en República Dominicana es difícil mantener en el aire un canal de televisión de tipo confesional, máxime si se le agrega que un medio como Televida le cierra sus espacios a la difusión de comerciales que promueven las bebidas alcohólicas, los juegos de azar, los cigarrillos o cualquier otro producto o actividad que pueda ser catalogada de vicio dañino para la moral.

Pero pese a las dificultades encontradas, ya el aprovechamiento de la televisión por parte de la Iglesia dominicana no es una materia pendiente, aunque requiere mejorar sus calificaciones.

Hoy el denominado “Canal de la Familia” está dirigido por un equipo de tres sacerdotes especialistas en áreas diferentes que tratan de darle un nuevo rumbo al canal de la Iglesia Católica y sus esfuerzos están fundamentados en dos líneas: salvarlo del colapso económico y aumentar su audiencia, especialmente logrando que los católicos se identifiquen con la televisora de la Iglesia a la que profesan pertenecer.

El padre Lorenzo Vargas, un experimentado sacerdote de la confianza del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, tiene a su cargo la parte administrativa del canal y hasta cierto punto funge como una especie de “gerente general”.

El jesuita nacido en Cuba, Pedro Llorenti, un especialista en producción de audiovisuales que tiene como gran pasión la cinematografía, tiene a su cargo lo que tiene que ver con la parte de producción y la programación. Una de sus obras más notables es el Centro de Comunicación y Producción Audiovisual del Centro Bonó (CEPA), que produce audiovisuales de corte educativo, muchos de los cuales son utilizados por la Secretaría de Educación.

El padre Manuel Ruiz es el responsable del área comercial. Se trata de un joven sacerdote que desde cuando era seminarista mostró una profunda inclinación hacia la televisión y produjo durante mucho tiempo en Teleantillas el programa “Redes”, que ahora se transmite por Televida. Ya ordenado sacerdote, decidió encargarse de evangelizar a los artistas y hasta llegó a fundar una orquesta de merengue (por supuesto, él no era artista, pero sí su principal promotor).

Ese equipo lucha por posicionar al Canal 41 y convertirlo en instrumento para difundir los puntos de vista de los católicos y de propagar los dogmas de esa iglesia, proyecto que se inició bajo la dirección de quien fuera su primer director, el laico Saturnino Guzmán.

punto de partida

Tal como dijéramos inicialmente, la inquietud de la Iglesia Católica dominicana por el uso de los medios electrónicos, específicamente de la televisión, no nace de manera aislada o coincidencial.

Puede afirmarse que el mayor impulso en este sentido fue dado por los obispos conciliares reunidos a raíz del Concilio Vaticano II y que ordenaron la elaboración de un decreto conciliar sobre los medios de comunicación. Es así como nace el decreto “Inter Mirífica”, el cual para muchos marca un viraje de la Iglesia con relación al uso de los modernos medios de comunicación.

Años después, en 1972, la Pontificia Comisión de la Comunicación Social emite la instrucción pastoral Comunión y Progreso, la cual se elabora también en atención a un mandamiento del Vaticano II, que a través del decreto “Inter Mirífica”ordena la elaboración de un documento sobre los medios de comunicación social.

“Comunicación y Progreso” puede considerarse como la verdadera carta constitutiva en lo que tiene que ver con el uso de los medios de comunicación de masa modernos para la propagación de las doctrinas católicas.

El documento insiste en el derecho de los individuos y de los grupos sociales a expresar su propia opinión, dentro de los límites de la honestidad y el bien común y que para esto deben tener acceso a las nuevas tecnologías en cuestión de comunicación.

Al referirse a las formas de utilización de estos medios, el documento indica que “los hombres de hoy están de tal manera acostumbrados al agradable y hábil estilo que los medios de comunicación emplean para expresarse y para persuadir, que difícilmente soportan, en los mismos espectáculos públicos, otros inferios, y menos aún en las obras religiosas, sean actos litúrgicos, predicaciones o exposiciones de la doctrina de la fe”.

Cada día más los sacerdotes que ejercen su ministerio en República Dominicana se convencen de lo importante que es la utilización de la televisión para difundir sus doctrinas.

Aunque en un principio los sacerdotes mostraban cierta resistencia para la producción de programas, en la actualidad proliferan tanto en los medios comerciales como en el canal de la Iglesia Católica. Ahí tenemos el caso del padre Avelino, que cada mañana participa en un programa de eminente corte político y social como lo es “El Día” junto a los comunicadores Huchi Lora y Ramón Núñez Ramírez. También el controversial padre Rogelio de la Cruz produjo un programa en Teleradio América, que se transmitía en horas de la tarde de lunes a viernes. En Televida están los casos del propio Manuel Ruiz, que produce un maratónico programa de variedades todos los domingos, el padre Nelson Acevedo, que los viernes trata sobre temas litúrgicos, o el programa que realizan los padres Lorenzo Vargas, Tulio Cestero y Nelson Acevedo sobre el Plan Nacional de Pastoral.

El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez ha sido uno de los que más interés ha mostrado por el uso de la televisión y desde el origen mismo de Televida ha mantenido el programa “Fe y Acontecer” que produce junto al director del periódico Listín Diario, Miguel Franjul. Desde hace varios meses también se ha empeñado en que las actividades oficiales que encabeza dentro de la diócesis de Santo Domingo queden como documentos audiovisuales y en ese sentido hay un equipo de personas que le acompaña de manera permanente.

Pero el fichaje más destacado del relanzamiento de Televida lo constituye el del conocido “Padre Alberto”, una de las principales figuras de la cadena hispana de Estados Unidos, Telemundo, donde produce un popular talk show.

El padre Alberto viaja cada mes desde Miami a Santo Domingo y produce un programa en vivo y deja tres grabados para ser transmitidos una vez a la semana.

Un sacerdote joven, con una figura telegénica, un gran carisma y que, quizás por su misma condición de sacerdote, tiene un ángel que atrae de manera especial a las “feligresas”, el padre Alberto podría convertirse en el buque insignia para el relanzamiento de Televida.

los Orígenes

Aunque el Canal 41 se relaciona automáticamente con la figura del Cardenal, no fue él quien decidió sacar adelante ese proyecto y su condición de presidente del canal se le debe a que es el presidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano.

El obispo que aupó el proyecto surgido de una tesis de grado elaborada por William Ceballos en la Universidad Católica Santo Domingo mientras trabajaba para la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación, lo fue monseñor Fabio Mamerto Rivas, a la sazón presidente del citado departamento de la Conferencia.

Ya salido al aire el canal, López Rodríguez asumió todo lo que conllevaba ser presidente de la televisora y a utilizar parte de sus influencias para que la planta pudiera sobrevivir económicamente hablando, lo que hizo que poco a poco monseñor Rivas tuviera cada vez menos incidencia en el canal.

Hasta el momento en que sale al aire Televida, la Iglesia Católica dominicana no veía ese medio como una estructura y por lo tanto lo que se hacían eran esfuerzos dispersos. Tal es el caso del noticiario católico llamado “Iglesia 92” que con motivo de los preparativos y posterior celebración de la IV Conferencia del Episcopado Dominicano realizaban Willian Ceballos e Ivettte Guzmán. El espacio era transmitido una vez a la semana por el canal 13 (hoy denominado Telecentro) y se retransmitía por el canal 10 de Telecable Nacional.

Aunque se puede afirmar que la presencia de la Iglesia en la televisión dominicana se inició con breves reflexiones hechas por sacerdotes en algunos de los canales comerciales en los años setentas, que por lo regular se transmitían a la hora del cierre de la programación, momento en que era más baja la audiencia.

En este grupo de espacios podemos citar el que se llamó “Reflexiones”, que conducía el padre jesuita Fernando de Arango a las 11:30 por Radio Televisión Dominicana. No se trataba de un programa espiritualista puramente hablando, sino que hacía comentarios sobre problemas sociales y hasta políticos desde la óptima de la doctrina de la Iglesia Católica.

El padre Arango tenía estrechas vinculaciones con el sindicalismo de tendencia católica y fue asesor del Movimiento Estudiantil Dominicana, que agrupaba a los estudiantes católicos de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

También debemos citar el programa infantil “Qué bueno es Papá Dios”, que fue el primer espacio de catequesis formal que se transmitía por televisión en República Dominicana. El mismo fue ideado y producido por Sor Virginia Laporte, una religiosa canadiense que dirigió el Departamento de Catequesis de la Arquidiócesis de Santo Domingo.

Hacia dónde van

En la actualidad Televida enfrenta un proceso de transformación con el objetivo fundamental de lograr mayor fidelidad por parte de los católicos para así aumentar su audiencia y a la vez lograr la tan anhelada subsistencia económica.

Incluso, los sacerdotes que están al frente del proyecto de comunicación hacen esfuerzos para que las parroquias asuman los contenidos del canal como instrumentos de su trabajo pastoral. En ese sentido se enmarcan los esfuerzos por incorporar a sacerdotes en la programación.

La inclusión del programa de padre Alberto, producido en Televida, le da el toque que se necesitaba para empezar a convencer de que, aunque la programación tenga un trasfondo confesional, puede ser popular y ganar audiencia.

Incluso se está manejando la posibilidad de que ese mismo programa sea retransmitido en otros países, lo que a su vez serviría para consolidar la imagen del canal de la Conferencia del Episcopado Dominicano.

Conjuntamente con ese factor, los tres sacerdotes que llevan el timón del canal de la Iglesia Católica dominicana están en el proceso de sanear la parte financiera de la televisora, que ha sido el principal punto negro desde el inicio del proyecto.

Poco a poco se acercan al punto de equilibrio económico, pero todavía están produciendo por debajo de sus costos, haciendo que vaya con relativa lentitud el proceso de modernización de los equipos con los que cuenta el canal. Televida surgió con equipos bastantes modernos en 1995, pero en la televisión, como en casi todos los renglones, la tecnología avanza con una rapidez increíble, lo que requiere recursos frecuentes para mantenerse a la vanguardia.

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