La crisis de los medios de comunicación

Por: Fausto Rosario Adames

Nunca antes los medios de comunicación del país habían atravesado por una crisis como la que padecen ahora. Ni siquiera en los gobiernos represivos de Joaquín Balaguer, cuando se perseguía y se mataba a periodistas y se chantajeaba a los propietarios.

No se trata, en este caso, de la represión del Gobierno ni del interés del Poder Ejecutivo para ahogar económicamente a medios de comunicación, como ya lo vivió el país con empresas de que extraordinarios intentos por imponer la vigencia de un periodismo independiente (periódicos Firme, La Noticia, El Nuevo Diario, El Sol, entre otros).

Se trata de la crisis de la abundancia. Nunca antes los medios de comunicación habían dispuesto de tantos recursos económicos y tecnológicos para informar adecuadamente a la sociedad dominicana. Lamentablemente, pese a sus proclamas, no han cumplido a cabalidad esa misión.

La llegada de los bancos a las empresas periodísticas, desde el inicio de los años noventa, desbordó la realidad del mercado de las comunicaciones y sobrepasó en oferta el potencial publicitario nacional.

La llegada del Grupo Baninter a los medios de comunicación, la incursión del Grupo Popular y la presencia, un poco más antigua, de una rama de la familia Pellerano en nuevos medios de comunicación, a través del Grupo Financiero Nacional, potenció una competencia irracional por el control y predominancia del sector financiero en la prensa, la televisión y la radio.

Son muchas las hipótesis que pueden plantearse sobre las razones de la incursión del capital financiero en las empresas periodísticas.

Una es el descubrimiento de los mismos como fuentes de poder y de presión ante las autoridades y ante los propios competidores.

Otra es la tenencia de medios como escudo ante las batallas económicas y políticas lanzadas por los contrarios.

Otra es la inversión para convertirlos en abridores de puertas frente a negocios vinculados al sector financiero y no relacionados directamente con los medios.

Cada una de ellas podría plantear discusiones interesantes para el futuro inmediato.

La competencia entre los grupos financieros, y la lucha por el poder, en la relación con el Estado, llevaron a casi todos estos propietarios de medios a realizar inversiones temerarias e irracionales, sin siquiera contar con los estudios de factibilidad que indicaran la fuerza del mercado para que esas empresas sobrevivieran sin la sombrilla del banco propietario.

Ni siquiera el producto periodístico más atractivo para el mercado publicitario y de lectores pudo alcanzar la sustentabilidad: el Listín Diario. El cambio de Gobierno en el 2000 dio pie al cambio de propiedad de ese periódico.

Habría que analizar la racionalidad de su administración hasta el 2000, y si el desbordamiento continuó después, pero ese medio es un claro ejemplo de que el país no estaba en condiciones de pagar su costo. Con una deuda de casi 100 millones de dólares, el Listín decidió hacer una inversión en equipos e infraestructura de 25 millones de dólares más, lo que alejó extraordinariamente su posibilidad de recuperación.

Claro, el Listín Diario tenía una fuente “inagotable” de recursos: el Baninter, y era sombrilla de otros medios, como Ultima Hora, El Expreso, El Financiero y numerosas inversiones adicionales en televisión por cable, en radio y canales locales de producción de noticias. Cualquiera diría que se trataba de una obsesión por los medios de comunicación, que al final ha debido pagarla onerosamente el país.

Como consecuencia de la irracionalidad económica y financiera, a causa del retorcimiento que le dieron sus auspiciadores, esos medios estaban destinados al fracaso. Por eso no es casual la quiebra del Baninter, ni el consiguiente cierre de los diarios Ultima Hora y El Financiero, y la intervención y administración por parte del Estado, hasta ahora, del Listín Diario y El Expreso, así como las empresas de radio, televisión y cable.

La quiebra de BANCREDITO dejó numerosos medios de comunicación sin la sombrilla financiera, y es incierto su futuro. Empresas como Tecable Tricom y Omnimedia (Diario Libre, Rumbo y otros) podrían padecer de los mismos problemas que ya otros están sufriendo.

Diario Libre es el más innovador y pujante de los periódicos gratuitos, modelo en el que incursionó el país entre el 2001 y el 2002, y como consecuencia de la misma competencia e irracionalidad, pasamos de no tener ninguno a cuatro diarios (El Expreso, Diario Libre, Ultima Hora y El Día).

La otra gran inversión la hizo el Grupo Popular, tanto en medios electrónicos (CDN radio y televisión) como en el diario El Caribe. Muchos millones de dólares potenciaron a estos medios hasta convertirlos en punteros (en el caso de los electrónicos) y en uno de los mejores productos periodísticos (en el caso del diario El Caribe), pese al fuerte lastre trujillista que también compró esa inversión. El Caribe es el periódico mejor vendido en la historia de la República Dominicana: apenas circulaba, con buena infraestructura pero mediocre tecnología, fue adquirido por 16 millones de dólares, y sus instalaciones remozadas con esmero, hasta el punto de convertirlo en el único diario en la región con un edificio con su interior forrado en mármol.

La perspectiva de los medios no está clara en este momento. Se vaticinan cambios importantes como consecuencia del replanteamiento de la supervisión bancaria, y es muy probable que deban producirse variaciones en su propiedad. Algunos cambios que se intentan hacer ahora no pueden borrar las irracionalidades ya protagonizadas.

El Grupo de Comunicaciones Corripio (Hoy, El Nacional, El Día, Revista Ahora, Telesistema, Teleantillas y Coral 39) se ha manejado con criterios diferentes, ha luchado por mantener la rentabilidad y no ha hipotecado sus respectivas políticas informativas, lo que les permite a sus medios sobresalir como los más independientes.

¿Qué pasará con los medios de comunicación intervenidos por el Gobierno? ¿El proceso de liquidación de Baninter permitirá licitar los periódicos, las televisoras, los sistemas de cable y las emisoras de radio? ¿Influirá en su venta o no la próxima contienda electoral? ¿Sobrevivirán los medios auspiciados por los otros grupos financieros? ¿Cambiarán de dueños? ¿Permitirá el Estado que los bancos mantengan su presencia en los medios en que ya la tienen? ¿Surgirán nuevos medios de comunicación con vocación independiente?

Hay muchas dudas sobre el cambiante status de los medios de comunicación y sobre sus posibilidades de ser empresas de Bien Común, sustentables económicamente, que informen la verdad sin condicionamientos, y sin apego exclusivo al particular interés de los banqueros.

[Publicación original:  26 septiembre 2003]

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