El futuro de la lengua y la contribución de los medios de comunicación social

Por: Rafael González Tirado

Mario Benedetti, ese lúcido y certero pensador uruguayo, ha hablado recientemente acerca del porvenir de nuestra lengua, y considera el incremento de su impor­tancia en el mundo para el próximo milenio. Es evidente la expansión del idioma, si consideramos el número de hispanohablantes y el desa­rrollo de su mercado, hacia el cual miran los grandes centros de produc­ción. A esto último habrá de deberse la matriculación de cerca de dos­cientos mil estudiantes orientales en las carreras del idioma y de las letras españolas en las universidades de la Madre Patria, principalmente alumnos japoneses. Nacionales de este origen se les encuentra también en muchas de las ciudades de la Península Ibérica, como visitantes o residentes; grupos de familias en los aeropuertos, tiendas, avenidas, museos, paseos, restaurantes etc. El mercado mira hacia la cultura que lo alimenta.

Unidad y diversificación han sido temas de gran presencia entre los cultores de la materia, y especialmente entre aquellos que se especializan en escudriñar acerca del porvenir de nuestro idioma. La amenaza de las zonas de fuertes dialectalismos ha preocupado a mas de un pensador, entre otros, al preclaro maestro Rufino Jose Cuervo, que ofreció un inquietante diagnóstico de fraccionamiento de nuestras hablas. Sin embargo, el paso de los años y la aparición de novedosas tecnologías para la comunicación han permitido desvirtuar tales aprehensiones.

Quizás se temió que los medios masivos de información, la radio, por ejemplo, separaría mas a nuestras comunidades y las radicalizaría en articularismos regionales, situación propicia para afectar la unidad y conservación de nuestra lengua.

Con todo, don Ramón Menéndez Pidal no abrigó nunca esos temore­s, a pesar del avance de las tecnologías. Antes al contrario, advirtió a tiempo la utilidad de la radio a estos fines y planteó la necesidad de que organismos internacionales de radiodifusión que se ocupen “coordinadamente de cuestiones del lenguaje”. Propuso para estos or­ganismos una acción eficaz que les permitirla coadyuvar a “la supresión  divergencias dialectales y a la unificación de los neologismos vitales del momento”.

Aunque el maestro Menéndez Pidal hablaba en la década de los cincuenta de “la increíble rapidez con que se suceden los mas tras­cendentales inventos que transforman las ciencias y transforman las modalidades de la vida humana dependientes de esos inventos”, no pudo soñar con los sorprendentes avances que habrían de maravillar­nos el campo de la comunicación en el resto del siglo. Pero si estuvo consciente de la evolución continua a que estaban sometidos los niveles del lenguaje que van desde el tecnicismo científico y el lenguaje vulgar sometidos al influjo de la evolución de cada momento.

Verificar estos resultados permiten las declaraciones del ministro de acción y Cultura de España, Mariano Rajoy, en el acto de presenta­nte de la nueva Ortografía de la lengua española, en San Millán de la Cogo11a, La Rioja, el 9 de octubre del año pasado, cuando dijo, frente a directores de academias de países de habla hispana, que España no es potencia económica, ni industrial, pero si es una colosal potencia cultural gracias al castellano, que hablan 400 millones de personas en el mundo.

La lengua se protege fundamentalmente por el comportamiento de los usuarios. Esa conducta debe ser valida por igual, tanto en los menes­teres cotidianos de un lenguaje oral, de nivel coloquial, como en su acción de lengua escrita, de carácter científico o de nivel estético, o en la poesía y en otros campos destinados al deleite espiritual, o la novela, el teatro etc.; durante la improvisación de las presentaciones de radio y televisión, como en la elaboración más detenida de los medios impresos de comunicación de masas.

Perdón, aunque he dicho: “en la elaboración más detenida de los medios ­impresos”, en realidad me sentí tentado a decir: en la improvisación más detenida de los medios impresos. Y lo quise decir porque es la impresión que uno siente al hacer el paralelismo entre los resultados de la elocución en los medios electrónicos, sometidos a la oralidad, frente a las deficiencias, contradicciones, descuidos y hasta tendencias de los grandes medios impresos del diarismo nacional.

La lengua no se protege por si sola. La lengua se protege a través de una política cultural que nos aproxima una actitud común, que, en este orden, debe ser motivada por la filosofía educativa y la acción del Esta­do. Y este genio tutelador tiene que extenderse y debe permear todo el comportamiento de la sociedad, que tiene un ideal, que se somete a unos objetivos claros y precisos de superación espiritual y de dignidad como seres humanos v como identidad nacional.

A menudo nos quejamos de que entre nosotros no hay un concep­to claro del papel que corresponde a la cultura en la sociedad. Que el Estado mismo es deficiente en su concepción o ineficiente en sus apli­caciones. Torpe o tímido, vacilante o descuidado. Y esas peculiaridades, posibles y reales peculiaridades del Estado, se extienden a otros estratos de Li sociedad, la prensa, entre otros. La prensa escrita, como particula­ridad que nos interesa en este y en multitud de momentos. A los aficio­nados y a los profesionales que acuden a la sección cultural de los me­dios impresos les preocupa la insuficiencia en el diarismo criollo. Mu­chos están conscientes de que todo cuanto publica la editora esta sujeto a un problema de mercadeo (márquetin es la forma “glamorosa” de decirlo en esta etapa).

Se producen secciones y suplementos para captar un “blanco de público” (también se dice así ahora). La gran prensa nace gerencialmente: para producir dividendos. La cultura no vende, es la idea o la verdad. Pero se sospecha o se entiende que es apropiado, pertinente y estratégi­co dedicar algún sacrificio por esa inversión que tanto llevan y que tanto traen los que se dicen “trabajadores de la cultura”. Los editores de los grandes periódicos, aunque no son culpables directos de muchas deficiencias —que vienen desde atrás— no están advertidos de que culturización no se localiza solamente en secciones especializadas a tales efectos, sino que ello proviene y se encuentra en todas las páginas de cada edición. En titulares, noticias, infografías, reportajes, resúmenes, artículos, editoriales, en fin, hasta en los anuncios reproductores de bienestar económico.

La profusión de errores en la prensa diaria es alarmante. Se empieza impropiedades en el lenguaje y casos lamentables de ortografía,  a pesar de la gran ayuda que presentan los ordenadores (computadores). Una cosa dice la gacetilla y otra diferente se consigna en el titular o en la ilustración. Se escribe de una manera la presentación del material en la portada de una sección del periódico y otra es la forma en que viene servida la información en la página escogida, ya sea en el título en el trabajo mismo de la remisión. Un titular afirma que las playas del litoral ­estuvieron concurridas en Semana Santa, pero la foto es ilustrativa de todo lo contrario, porque se ha escogido una imagen al azar; una cualquiera ­que se ha hecho por lo que coja mi “bon”, es decir, para salir del paso.

¿Bastaría con ilustrar con el caso de una gacetilla de la sección “Noti­ Panorama”, de la página ocho del Listín 2000, domingo 20 de febrero de 1994, publicado con el titulo:

“Piden  Convoque Senado

Para conocer Código

protección al menor?”

La nota informativa viene ilustrada con la foto de un niño de año y medio, más o menos, que juega desnudo, con un mazo presumiblemente de plástico, en la mano derecha, tocado solamente por una cachucha, bimbolo al aire, y cuya ilustración trae el siguiente grabado:

El padre Luis Rosario, coordinador nacional de la Pastoral Juvenil, hab1ando en compañía de personalidades comprometidas con la niñez y la juventud.

He ahí la “imagen” de tan respetado sacerdote, el desajuste entre lo que se informa y cómo se ilustra obliga a reflexionar acerca de las exigencias la vida y la calidad del trabajo; la celeridad con que vivimos y la responsabilidad con que asumimos las tareas, entre la rentabilidad de cada oficio y la rentabilidad de las empresas que nos contratan.

Gacetilleros y columnistas están afectados en grados diferentes por el factor tiempo. Pero el columnista, particularmente el articulista pe­riódico (semanal, bisemanal etc.) se encuentra en mejores condiciones de revisar y mejorar cada labor. Con todo, los columnistas no somos ajenos a los yerros, por problemas de la calidad o por debilidad humana.

Pero cada uno, digamos todos, o casi todos, para ser prudentes, estaremos afectados por el pluripicoteo, porque a pesar de nuestro desa­rrollo, digamos macro, para seguir a tono, el comunicador se entrega a una profesión la cual no le corresponde adecuadamente en el orden económico, a pesar de que el periodista se ha comprometido a cumplir­le un rendimiento social inexcusable.

El periódico tradicional, el periódico de las grander empresas o emporios no puede cargarse a sí mismo el prestigio de la cultura, una labor que se focaliza insuficientemente en páginas especializadas y en las columnas de la sección editorial, pero que puede aparecer en algún otro lugar de cada hoja impresa.

Un personal especializado y unos colaboradores de otro nivel pro­fesional acuden a realizar esas tareas: literatos, críticos de arte: letras, pintura, música, cine, historia, científicos de diferentes ramas…, una for­mación y una capacidad técnica bien definida y desarrollada.

Este es un deber social, una responsabilidad que asume en parte la empresa editora como compromiso frente a la colectividad. Con todo, la cultura, como conjunto de conocimientos adquiridos por una perso­na rnediante el estudio, la lectura, los medios de comunicación y las relaciones sociales, que le permite desarrollar el sentido crítico y el jui­cio, pensada así, la cultura, realmente no vende.

Lo que si se vende es otra cosa: el deporte, la farándula, las páginas de sociedades; el afán de ostentar; la presentación de las empresas exitosas, las damas deslumbrantes por la apariencia exterior, vale decir, por lo de afuera, no tanto por lo que se atesora en el fondo del coraz6n.

Toda esta superficialidad, toda esta pirotecnia se manifiesta en las modas y en los modismos. En los calcos de otras sociedades, que consi­deramos que nos darán prestigio si nos vestimos de igual manera, si nos raspamos el caco para enseñar protuberancias y deformidades, en los “topples” y en “los hilos dentales”; como también en los calcos del lenguaje, porque se nos enseña que la lengua del poderoso nos da pres­tigio personal y categoría social.

Estamos de acuerdo en que préstamos léxicos son necesarios en cualquier idioma, más aún en la etapa presente, en que los avances de la tecnología imponen nuevos inventos, nuevos usos y esto trae consigo las voces nuevas que debemos manejar.

Pero también debemos convenir en que hay una actitud o, cuando menos, una debilidad anglizadora de la prensa, que acoge algún que otro articulista que pretende deslumbrar con el manejo de tecnicismos foráneos, que no todo el mundo comprende o necesita. Y más aún, cuando la prensa misma procura llenarse de prestigio con el empleo de voces ánglicas o con el aprovechamiento o el juego de palabras para la formación de siglas o de acrónimos en hibridismo lingüístico para vender su oferta de lectoría.

En el caso del LISTEEN, deletreado L-I-S mitad de LISTIN y T-E-E-N, mitad TEENAGER, para abrir una sección juvenil con el portal alienante y desnacionalizador.

He visto en escaparates una revista extranjera, originalmente en lengua extraña, nombrada TEEN en español, que, de alguna manera, inclina el decano del diarismo criollo a un calco para atraer lectores y entrar en la competencia comercial.

No se queda atrás El Siglo cuando promueve:

“PRESS:P-R-E-S-S”.

No escapa a cierto nivel de de educación que: press significa prensa en inglés. Para los especializados en la materia y otras personas de alguna formación prensa es /poder/, sobre todo desde cuando lo pronunció Edmund Burque en el parlamento inglés, dirigiéndose a los periodistas que cubrían las noticias del Congreso:

      Vosotros sois el cuarto poder.

En efecto, el periódico El Siglo promueve las suscripciones bajo el lema de que:

“PRESS

Significa Poder en todo el mundo”.

Sin embargo, PRESS, allí no es un anglicismo: es un manejo, una habilidad de mi periódico para captar atención con la supuesta forma anglicana que emplea, porque en realidad, el PRESS que manipulan es ¿solamente? una sigla de estos componentes léxicos:

 

P: programa

R: recompensa

E: estímulo

S: suscriptores

S: Siglo

 

Es decir: PROGRAMA DE RECOMPENSA Y ESTIMULO PARA SUSCRIPTORES DE EL SIGLO.

Dicho diario,cuenta, además, con una revista de circulación quincenal llamada VIÚ con acento en la /ú/, que no lo necesita, pero que suena y se ve bien en el logo. ¿Qué es  VIÚ? A lo que más me aproximo es al ingles view, V- I-E-W, que significa ‘vista’, ‘inspección’, ‘panorama’, ‘enfoque’. La identifico también con interview (interviú), empleado en­ varias lenguas con el significado de “entrevista”.

No olvidemos que este peri6dico cuenta con otro suplemento: WOW. Supongo que es una interjección inglesa, que significa `increíble’, pero que esta forma de:

WOW,

Es mas “chic” que si escribieramos u-a-o: UAO

Deducimos que es recurso de la competencia, porque nadie quiere quedarse atrás.

El Listín Diario nos ofrece una pagina bautizada con el nombre: LOOK

Es en el suplemento El Domingo, con temas de farándula y otros asuntos.

Conviene distinguir entre calco y préstamo. De préstamos viven las lenguas y nada hay condenable en ello. Pero el afán de los medios no debe ser vender por vender. Atraer riqueza espiritual y consolidar valo­res éticos deben estar por encima de la acumulación de capital y del éxito gerencial. Acudir más allá de lo necesario y de lo aconsejable a una supuesta lengua de superioridad o de prestigio es contribuir, con im­pertinencia, a la estrategia de la dominación imperante e imperial.

Charles Hockett (Curso de lingüística moderna), de nacionalidad norteamericana, condena como erróneo el concepto de que “algunas lenguas actuales, especialmente el inglés, son más “progresistas” que otras como el alemán, porque han ido más lejos en la dirección analítica”. Y afirma que no existe la más remota prueba de que esto sea verdad. Los turcos de hoy, dice, “manejan todos los asuntos de la vida ordinaria y las complejidades de la tecnología moderna con una lengua muy sin­tética, mientras que sus contemporáneos chinos se desempeñan con idéntica eficacia usando una lengua marcadamente analítica” (p. 183).

 

Alberto Escobar, peruano, en su libro Lenguaje y discriminación social en América Latina, destaca que es insostenible postular, desde el punto de vista lingüístico que “una lengua sea inferior a otra, pues nada hay inherente a la estructura del lenguaje, que permita decir, sin falsear los hechos, que una es mejor o superior que las otras, o que las lenguas ágrafas carecen de estructura o de gramática” (p.46).

El español ronda los 400 millones de hablantes, y seguirá desarro­llándose. La oficina del Censo de los Estado Unidos calcula que para el 2050 habrá 98 millones de hispanos en territorio norteamericano y para dentro de un siglo lo hablara uno de cada tres estadounidenses.

La cultura de la lengua debe asumir el papel que le corresponde desde el hogar hasta el trabajo, desde la primera edad escolar hasta la prensa.

Las manifestaciones deben asumirse en los medios de comunicación como una responsabilidad frente a los núcleos sociales, con política clara, con realizaciones cotidianas, con orgullo  de identidad nacional.

 

Bibliografía

Escobar, Alberto. Lenguaje y discriminación social co América Latina. Lima: Editorial Carlos Milla Batres, 1972.

Espasa. Gran Espasa ilustrado 1999. Madrid: Editorial Espasa-Calpc, 1998.

Hockett, Charles. Curso de lingüística moderna. Argentina: Editorial Universitaria ­de Buenos Aires (EUDEBA), 1971.

OPINES (Oficina Internacional do Información del Español). Presente y futuro de  la lengua española, volúmenes  I y II. Madrid: Ediciones Cultura Hispánica, 1964.

Primer Congreso Internacional de  la Lengua Española. La lengua española y los medios  de comunicación, tomo I (Lingüística y temas literarios); tomo II (El cine, la televisión y las nuevas tecnologías); México: Secretaria de Educación Pública de Méjico; España: Instituto Cervantes, y México: Siglo XXI, Edito­res, primera edición, 1998.

VOX- Diccionario general ilustrado de la lengua españiola. Barcelona: Bibliograf, reimpresión 1970.

Weill, Georges. El periódico. Colección “ La evolución de la humanidad”, tomo 142. México: primera ediciónn en español de UTEHA, 1962.

 

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