¡Estamos en el aire!: ¿Sobrevivirá la radiodifusión?, ¿hasta cuándo?

Por: Ana Bélgica Güichardo Bretón

En  América Latina la radio ha estado presente en tiempos y procesos  de crisis  que conviene analizar para asomarnos al conocimiento de los elementos comunes de estos fenómenos.

Podríamos correr el riesgo de carecer de  los elementos culturales  necesarios para  profundizar en este análisis,  si no ponemos atención al  quehacer de la radio en estos procesos de cambio, en una época marcada por  las transformaciones más decisivas para los pueblos con historias de desigualdad y de pobreza.

Para comenzar bien al Sur, en el 2003, los bolivianos  desilusionados con el papel que estaban exhibiendo los medios de comunicación de más alta facturación en ese entonces  buscaron nuevas frecuencias  que hablaran su propio idioma,  el de la indignación. Fue así como Radio Erbol (Educación Radiofónica de Bolivia)  fue concebida  como la diferencia y  las masas se hicieron  escuchar.   La radio prestó oídos a  su gente.  En ningún momento Erbol pidió la renuncia del entonces presidente Sánchez de Lozada,  sin embargo dio paso a las voces,  a las llamadas que venían de todas partes,  y que en su mayoría representaban los sentimientos y los sufrimientos en momentos de represión. Y lo que nadie imaginaba sucedió.

Erbol  fue citada en  periódicos como La Jornada, de México, en  el que llegaron a titular el 23 de octubre “Los ojos del mundo están puestos en Bolivia y los oídos en la radio”.  Esta alusión sin duda se refería  al papel que jugaba esta emisora, pues cuando todos los medios eran silenciados, Erbol seguía  enviando sus transmisiones al satélite y varios medios internacionales  recibían estas informaciones por la Internet, así  la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica,  ALER Satelital,  transmitió  en vivo el conflicto que se vivía. Los  medios europeos que se interesaron en  la revuelta  popular boliviana citaron en sus informaciones a esta admirable  red.

Tal vez  en la Venezuela de abril de 2004  estaríamos hablando de otra historia  sin la red de emisoras de Fe y Alegría, o el IRFA como se le conoce a su instituto de formación.  La claridad de sus informaciones, la responsabilidad  exhibida, hizo que muchos participaran de lo que sucedía, gracias al tono y el  equilibrio que luego  fue reconocido tanto por el gobierno de Chávez  como por los dirigentes de la oposición.  Fueron días difíciles, relataba uno de los directivos de Fe y Alegría en Caracas, mientras nos mostraba los  reconocimientos otorgados a esta red,  por parte del  gobierno y de la oposición, en un país  hasta  hoy dividido.

Este es un caso muy particular,  pues esta red de emisoras diseminadas por toda la geografía venezolana se dedica a  labores de educación  formal que, por causa de la  marginalidad ha hecho que sea  una opción para jóvenes trabajadores  que  intentan completar una educación y que esto les permita trabajos mejor remunerados.

Otro ejemplo reseñable tuvo por escenario el Ecuador andino. Desde el domingo 17 abril del pasado año se reportaron interferencias y cortes de energía sistemáticos  a  Radio La Luna en la ciudad de Quito, y  muchos  coincidieron en responsabilizar al gobierno ecuatoriano, porque  para realizar este tipo de interrupciones que llamaron  guerra electrónica, se requería  de equipos técnicos altamente especializados,  y  por otro lado denunciaron el  intento de callar las transmisiones de esa emisora  por diferentes vías,  a través de  insultos de los propios gobernantes, la intentona de incendio, balas contra el local, amenazas a sus directivos y familiares, corte de las líneas telefónicas como también el corte de  la energía eléctrica [1].

Sin embargo La Luna continuó su labor, y no sólo sirvió  como  transmisora de los anhelos de los ecuatorianos,  sino  que  miles se acercaron a la radio para  protegerla y hacer que su voz no fuera silenciada,  y  así se manifestaron  con  los  “cacerolazos”  convocados a través de sus micrófonos, las calles se llenaron de manifestaciones con cacerolas en mano, la gente se paraba en la puerta de sus casas  a golpear las cacerolas   y esta manifestación espontánea finalmente debilitó  la supuesta fortaleza exhibida por el régimen de Lucio Gutiérrez. Por supuesto,  la red  de  radios ecuatorianas  CORAPE apoyó y dio seguimiento a lo que sucedió en todo el proceso.

En todos los casos la  gente que compone las radios ha marcado la diferencia,  ciertamente  las instituciones son manejadas por individuos que, sumados, se multiplican cuando se ejerce un trabajo de equipo.  Al mismo tiempo tiene sentido que las convicciones de un proyecto comunicativo de la radio hacen la diferencia.  Si miramos estos ejemplos y otros que no terminaríamos de mencionar por la limitación de espacio, estas radios no sólo se circunscriben a transmitir  informaciones, sino que las contextualizan y las hacen parte de los valores de las personas con las que conviven y dan  sentido a su existencia.  En este plano es donde se entiende lo que escribe  Noam Chomsky:   Una de las funciones de los medios de comunicación  es la de  inculcar a los individuos los valores, creencias y códigos de comportamiento que les harán integrarse en las estructuras institucionales de la sociedad. En un mundo en el que la riqueza está concentrada y en el que existen grandes conflictos de intereses de clase, el cumplimiento de tal papel requieren de  una propaganda sistemática”[2].

La radio vive hoy tiempos de concentración de medios en bloques, principalmente alrededor de empresas y grupos económicos  a partir del modelo de integración de los mercados que se ha convenido en llamar globalización. Ha desaparecido  la radio como pasión y se ha convertido  en instrumento de poder.

La  credibilidad de los medios de comunicación en muchos países parece haber descendido y en el desarrollo de una nueva radiodifusión puede haber pistas para el cambio, en este sentido el desarrollo de otras radios y  redes  que conviven en el espacio continental  como lo es la  Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER) y tal vez otros modelos de la radiodifusión moderna  pueden  resultar alternativas por los casos ya citados.  En  todos los procesos analizados  el hallazgo más sorprendente es el uso de  nuevas tecnologías que las radios han utilizado para lograr sus propósitos, como la tecnología satelital,  el uso de los podcast[3]  con un contenido diverso y la  Internet como herramienta multimedia.

La radio sigue siendo, más que un invento cuya desaparición se pregona sin fundamentos válidos, un medio que acompaña a los pueblos en su aventura de transformación y crecimiento en busca de su destino.

El terreno de  trabajo de estas radios es y  debe  ser los Derechos Humanos. Si sólo se ocupasen  de aspectos tecnológicos, técnicos o jurídicos (que hay que conocer muy bien) no tendrán muchas posibilidades.

Vincular la libertad de expresión, de prensa, de comunicación y el derecho a la información, con la libertad de acceso a la vida es una tarea para las radios, en la medida que esto ocurra,  y se pueda  vincular la radio al corazón  y a las  razones de la gente,  en esa medida  hará  una radio moderna, eficiente y  con los recursos que necesitan para existir,  los modelos  de radios que no se sustentan en el quehacer de las comunidades a las que sirven no llegan a ser sostenibles.

Tal como dice  José Ignacio López Vigil[4] :  “Las radios nacionales o regionales son como ventanas para ver qué pasa en el país, para divisar otros mundos. Los seres humanos somos muchos y diferentes, la sierra es muy distinta a la costa, la costa es muy distinta a la selva, en nuestro territorio coexiste una variedad de culturas, costumbres y creencias”. Estas son precisamente las razones que dan vida a una  radio, que seguirá  dando espacio para lo diverso, a pesar de la aldea en la que pretenden hacernos vivir uniformados.

Continúa vigente el objetivo de un medio tan específico como la radio,  a la que,  a pesar de sus  altas y bajas,  de los estudios de rating desfavorables, ningún otro medio ha podido suplantar.  Seguimos con nuestra música por dentro rezaba uno de los lemas de ALER detrás de la sintonía con los anhelos de la gente, y que se extiende  porque  existe la conciencia del valor  que tiene la radio como transmisora de cultura,  del arte, como transmisoras de vida.

INERTES:

Los bolivianos y las bolivianas buscaron nuevas frecuencias  que hablaran su propio idioma: el de la indignación: “Los ojos del mundo están puestos en Bolivia y los oídos en la radio”.

La Luna, en Quito , continuó su labor, y no sólo sirvió  como  transmisora de los anhelos de los ecuatorianos,  sino  que  miles se acercaron a la radio para  protegerla y hacer que su voz no fuera silenciada.

Desaparece la radio como pasión y se convierte en instrumento de poder

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