El ojo subjetivo

El Caribe noviembre 5

Por: Emilia Pereyra

Aun entre especialistas y conocedores de la comunicación es difícil que la carga subjetiva no opaque la mirada con la que solemos “leer” y teñir  los pequeños y grandes  acontecimientos de los que somos testigos y que con frecuencia nos impide aquilatar los hechos o las actuaciones de los otros de un modo equilibrado.

Somos muy ligeros al  opinar,  sobre todo, de  los otros. Basta preguntarles a unos cuantos testigos de una discusión, de un accidente o sobre la reacción de un tercero para que nos demos cuenta de que existirán percepciones variadas como seres humanos opinen sobre el mismo asunto.

Así, en cuestión de segundos,  usted u otra persona puede pasar de ser considerada segura de sí misma  a ser vista o “promovida”  como un ser altanero.  Naturalmente, la carga de adjetivos con que le adornen dependerá de quien haga la “evaluación”.

Si el poder media en el asunto, entonces la situación es  mucho más complicada. El imaginario de quienes rodean a los poderosos, superestrellas y “genios” de esta era mediática,  es feraz y  se desborda, sobre todo,  en nuestros corrillos, predios fecundos para la chismografía y lo baladí. Conozco casos de personas rodeadas de una buena o mala fama que no refleja la  realidad. Algunas han cultivado la falsía a propósito y otras han sido víctimas de sus antagonistas o de su entorno inmediato.

Sin embargo, dentro del periodismo hay que hacer un esfuerzo superior por frenar las cargas subjetivas y las ambigüedades en las informaciones  que,  sin embargo,  forman parte de la esencia literaria.

Es casi imposible  encontrar la “verdad” y me pregunto si  existe.   En caso de que  medien el dinero  y los intereses de otro tipo se hace mucho más complejo  reconstruir con  precisión  o conocer un hecho pasado, del que apenas podemos rescatar los trozos ofrecidos  por  otras personas aunque contemos con las pruebas que nos aportan cámaras  y grabaciones de la voz.  Ya se sabe que las pruebas documentales también son insuficientes. La “verdad”  se maquilla. Lamentablemente siempre nos estaremos perdiendo algo o mucho de lo que sucedió lejos o cerca de nosotros. Me refiero a las motivaciones, a esas que se guardan en la intimidad, al antes  y al después.

Ya lo dijo Gregorio Marañón en una oportunidad: “Aunque la verdad de los hechos resplandezca, siempre se batirán los hombres en la trinchera sutil de las interpretaciones”.  Y en periodismo, salvo en los campos  interpretativo y de opinión,  debemos evitar que el ojo de la subjetividad nos arruine el enfoque.

 

empereyra22@yahoo.es

 

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